Cada día que abrimos los ojos es una oportunidad renovada del Señor para crecer, servir, amar y acercarnos más a Él. Dios no solo nos dio existencia; nos dio un propósito eterno. No estamos aquí para sobrevivir, sino para fructificar (📖Juan 15:5), para reflejar Su carácter, para sembrar en otros lo que Él ha sembrado en nosotros.
La vida también nos enseña con sus valles y montañas. Hay días en que el alma florece y otros en que parece marchitarse. Pero incluso en esos momentos, Dios está obrando. A veces podando, a veces regando, siempre formándonos. Eso que hoy cuesta, mañana será un fruto de madurez.
Por eso, vive con gratitud, con intención y con esperanza. No desperdicies el hoy pensando que mañana será mejor; mejor permite que Dios haga mejor tu corazón hoy.
La vida es corta, sí… pero en Cristo es significativamente eterna.⚓🙏