SERMON: CUANDO LLEGUE A TU PRESENCIA


 CUANDO LLEGUE A TU PRESENCIA

(Salmo 16:11; 2 Corintios 5:8)

Raúl Fabián Avila Medina

 

SALMO 16:11

“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre”

 

PROPOSICIÓN

La esperanza suprema del creyente no está en esta vida pasajera, sino en llegar a la presencia de Dios, donde cesa el dolor, se cumple la promesa y se manifiesta la plenitud eterna preparada para los fieles en Cristo.

 

OBJETIVO DEL SERMÓN

Consolar, fortalecer y afirmar la fe del creyente, recordándole que todo sufrimiento, prueba y espera en esta vida encuentra su sentido y recompensa cuando lleguemos a la gloriosa presencia del Señor.

 

INTRODUCCIÓN

  1. Hermanos la palabra de Dios tiene Poder, es Viva y Eficaz, Digna de ser recibida (Isaías 55:10-11; Hebreos 4:12; 1 Timoteo 4:9).
  2. Hermanos, la Palabra de Dios nos enseña que esta vida no es el final, sino el camino. Caminamos entre luchas, cansancio y lágrimas, pero no caminamos sin esperanza. El cristiano vive con la mirada puesta más allá de lo visible, porque sabe que hay una patria mejor preparada por Dios (Hebreos 11:16).
  3. El cuerpo se desgasta, el corazón se aflige y el alma gime, pero la fe permanece firme, porque sabemos que llegará el día en que estaremos cara a cara con nuestro Dios. Esa esperanza no es ilusión ni consuelo humano; es una promesa respaldada por la fidelidad de Dios.
  4. Gracias a Dios podemos aprender y hablar con entendimiento la Palabra de Dios, la Sana Doctrina (Tito 2:1; 1 Timoteo 4:13).
  5. Le invitamos a seguir escudriñando y retener las Sanas Palabras (2 Timoteo 1:13).
  6. Con esto en mente, analicemos los siguientes puntos que constituirán la lección de este día:

  

I. ESTA VIDA ES TEMPORAL, SU PRESENCIA ES ETERNA

 

  • “Porque lo que se ve es temporal, pero lo que no se ve es eterno” (2 Corintios 4:18)
  •  Todo en esta vida pasa. La fuerza se acaba, la salud se quiebra, los años avanzan. Moisés declaró que nuestra vida es como un suspiro (Salmo 90:9). La Escritura no nos engaña: esta tierra no es nuestro destino final.
  •  Somos peregrinos y extranjeros (1 Pedro 2:11). Vivimos aquí, trabajamos aquí y sufrimos aquí, pero no pertenecemos aquí. Fuimos creados para habitar eternamente con Dios. La eternidad no es una idea abstracta; es una realidad prometida.
  • Cuando recordamos que esta vida es pasajera, aprendemos a no aferrarnos a lo temporal y a caminar con esperanza hacia lo eterno.

 

II. CUANDO LLEGUEMOS A SU PRESENCIA, CESARÁ EL DOLOR

 

  • “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos…” (Apocalipsis 21:4)
  •  El dolor es parte de la experiencia humana. Lloramos por pérdidas, enfermedades, decepciones y despedidas. La creación gime, y nosotros gemimos con ella (Romanos 8:22–23). Pero Dios ha prometido que el dolor no tendrá la última palabra.
  •  En la presencia del Señor no habrá muerte, ni llanto, ni clamor. Dios mismo secará las lágrimas, no como un juez distante, sino como un Padre amoroso. Allí no habrá recuerdos que duelan ni heridas abiertas.
  • El sufrimiento presente es real, pero no eterno. Cada lágrima de hoy será transformada en gozo mañana.

 

III. LA PRESENCIA DE DIOS ES LA META DEL CREYENTE

 

  • “Preferimos estar ausentes del cuerpo y presentes al Señor” (2 Corintios 5:8)
  • La esperanza cristiana no es solo un lugar llamado cielo, sino una comunión eterna con Dios. El cielo es glorioso porque Dios está allí. La mayor recompensa del creyente no es dejar de sufrir, sino estar con el Señor para siempre.
  • Desde el principio, Dios quiso habitar con Su pueblo. Esa comunión, rota por el pecado, será restaurada plenamente. “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres” (Apocalipsis 21:3).
  • Vivamos hoy de tal manera que anhelemos Su presencia y no le temamos al encuentro con Él.

 

IV. CRISTO NOS ABRIÓ EL CAMINO A SU PRESENCIA

 

  • “Teniendo libertad para entrar… por la sangre de Jesucristo” (Hebreos 10:19)
  • Nadie llega a la presencia de Dios por méritos propios. Cristo abrió el camino mediante Su sacrificio perfecto. Su sangre quitó el pecado que nos separaba y nos dio acceso al Padre.
  • La cruz no fue derrota, fue victoria. Allí se pagó el precio, se rasgó el velo y se abrió el camino nuevo y vivo. Nuestra esperanza está segura porque Cristo vive y reina.
  • Confiemos plenamente en la obra de Cristo. No en nuestras obras, sino en Su gracia.

 

V. LA ESPERANZA DE SU PRESENCIA TRANSFORMA NUESTRA VIDA HOY

 

  • “Todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo” (1 Juan 3:3)
  • La esperanza futura produce santidad presente. Vivimos con fidelidad, obediencia y amor porque sabemos que un día estaremos delante del Señor. Esta esperanza nos sostiene en la prueba y nos impulsa a perseverar.
  • El creyente vive hoy a la luz de la eternidad. Cada decisión, cada palabra y cada obra tiene sentido cuando se vive con la mirada puesta en Dios.
  • Vivamos como quienes pronto verán al Señor cara a cara.

 

CONCLUSIÓN

  • Llegará el día en que la fe se convertirá en vista, las oraciones en alabanza y la espera en plenitud. Cuando lleguemos a Su presencia, entenderemos que nada fue en vano, que cada lágrima tuvo propósito y que cada paso fue guiado por Su amor.
  • ¿Estás preparado para llegar a la presencia del Señor?
  • Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).
  • Hoy es el día para arrepentirse, creer y vivir con esperanza eterna (Hechos 2:38).

 

“Cuando llegue a Tu presencia, Señor, no llevaré mis cargas, solo llevaré Tu gracia. No llevaré mis lágrimas, solo Tu gloria. Y al verte, comprenderé que todo valió la pena.”

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