Gracias, Dios, por todo. Hoy no levantamos solo palabras, sino un corazón rendido y quebrantado delante de Ti,
reconociendo que cada instante de nuestra
vida ha estado bajo Tu soberanía perfecta. Tú nos formaste desde el
vientre y conociste nuestros días antes de
que existiera uno solo de ellos; nos has sostenido aun cuando nuestras
fuerzas se agotaron y el alma se cansó de esperar. Nada ha sido casual, nada ha sido en vano, ni siquiera
las lágrimas que brotaron en silencio, porque Tú las contaste y las usaste para acercarnos más a Tu presencia.
Gracias, Dios, por Tu fidelidad constante en
medio de nuestra fragilidad humana. Nosotros
cambiamos, dudamos y fallamos, pero Tú permaneces fiel. En la prueba
fuiste refugio seguro, en la
enfermedad consuelo del alma, y en
la espera esperanza viva. Tu Palabra nos corrigió cuando erramos, nos levantó
cuando caímos y nos guio cuando no sabíamos por dónde caminar. Hoy
confesamos con humildad que si hemos
llegado hasta aquí no ha sido por mérito propio, sino únicamente por Tu gracia
poderosa que nos ha guardado.
Gracias,
Dios, por Jesucristo, el regalo eterno e
incomparable, por Su cruz, Su sangre y Su victoria sobre la muerte. En Él encontramos perdón, reconciliación y vida
nueva, y por Él tenemos acceso a Ti y una esperanza que no se
desvanece. Por eso proclamamos con fe: “Bendice,
alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre” (Salmos
103:1). Hoy decidimos vivir con un
corazón agradecido, obediente y rendido, para glorificarte en todo,
perseverar en la fe y caminar conforme a Tu voluntad, hasta el día en que estemos delante de Ti y Te agradezcamos cara
a cara por todo lo que hiciste.⚓📖💖
