Hace unos años, un hermano en Cristo enfrentaba una de esas pruebas que
parecen dividir el alma. Recibió una
oportunidad de trabajo bien remunerada en otra ciudad, algo que para
muchos parecía la decisión más “práctica” y “exitosa”. Pero aceptar significaba
alejarse de su familia, de la familia de la
fe y del ministerio en el que servía, y su corazón sabía que había
algo más grande en juego que la comodidad o la ambición personal.
Durante días y noches, se entregó a la oración ferviente, a la meditación
constante de la Palabra y a buscar consejo
en hermanos maduros en la fe. Cada versículo parecía recordarle que servir al Señor con fidelidad y obedecer Su
voluntad siempre es prioridad sobre la conveniencia humana (Mateo
6:33; Josué 1:8). Su corazón estaba dividido: la tentación de la ambición se enfrentaba al llamado de Dios.
Un domingo, mientras participaba con sus
hermanos en oración y lectura de la Palabra, sintió una paz profunda y serena que iluminó su decisión. No
fue un impulso emocional ni una elección fácil: era la luz de Dios guiando su corazón hacia lo que era correcto.
Confiando plenamente en Él, rechazó la oferta y continuó sirviendo, entregando
su tiempo y dones al Señor y a la iglesia.
Pronto, pudo ver cómo la obra del Señor crecía y cómo la familia de la fe se
fortalecía gracias a su fidelidad. Y, como en todo acto de obediencia
sincera, Dios abrió otra oportunidad,
incluso mejor, en el tiempo y lugar perfectos, confirmando que seguir la luz de Su Palabra nunca falla, aunque
el camino parezca incierto.
Esta historia nos recuerda que la luz de Dios no siempre hace que el camino sea
fácil, pero sí ilumina la
dirección correcta cuando confiamos en Él, cuando priorizamos su
voluntad sobre la nuestra y cuando obedecemos Su Palabra. La verdadera fe no busca lo cómodo, sino lo
correcto; no busca el aplauso humano, sino la aprobación de Dios. Que
este ejemplo nos inspire a entregar
nuestra vida y decisiones al Señor, confiando plenamente en que Su luz
nos guiará, Su paz nos sostendrá y Su obra se perfeccionará en nosotros y a
través de nosotros.
