SERMÓN: EN NUESTRA OSCURIDAD, TÚ ERES LA LUZ, SEÑOR

 

EN NUESTRA OSCURIDAD, TÚ ERES LA LUZ, SEÑOR

(Juan 8:12; Salmo 27:1)

Raúl Fabián Ávila Medina

 

JUAN 8:12

“Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”

 

PROPOSICIÓN

En medio de la oscuridad espiritual, moral y emocional del ser humano, Cristo se revela como la única Luz verdadera, capaz de disipar las tinieblas del pecado, del temor y de la desesperanza, guiando al creyente hacia la vida y la verdad.

 

OBJETIVO

Llevar al oyente a reconocer que ninguna oscuridad es más fuerte que la luz de Cristo, y exhortarlo a confiar, seguir y vivir conforme a esa Luz que transforma, guía y salva.

 

INTRODUCCIÓN

  1. Hermanos la palabra de Dios tiene Poder, es Viva y Eficaz, Digna de ser recibida (Isaías 55:10-11; Hebreos 4:12; 1 Timoteo 4:9).
  2. Hermanos, la oscuridad es una experiencia común a toda la humanidad. Hay noches del alma, momentos de confusión, dolor, culpa y temor. A veces la oscuridad no está fuera, sino dentro del corazón.
  3. Pero la Escritura nos recuerda una verdad gloriosa: la oscuridad no tiene la última palabra.
  4. Desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios se revela como Aquel que trae luz donde hay tinieblas. Y en la plenitud de los tiempos, esa luz se manifestó en la persona de Jesucristo. Donde el hombre ve oscuridad, Dios hace brillar Su gloria.
  5. Gracias a Dios podemos aprender y hablar con entendimiento la Palabra de Dios, la Sana Doctrina (Tito 2:1; 1 Timoteo 4:13).
  6. Le invitamos a seguir escudriñando y retener las Sanas Palabras (2 Timoteo 1:13).
  7. Con esto en mente, analicemos los siguientes puntos que constituirán la lección de este día:

  

I. LA OSCURIDAD ES REAL, PERO NO ES ETERNA

 

  • “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz” (Isaías 9:2)
  •  La Biblia no niega la realidad de la oscuridad. El pecado oscureció el entendimiento humano (Efesios 4:18). La ignorancia espiritual, el sufrimiento y la muerte son evidencia de un mundo caído.
  •  Sin embargo, las tinieblas no son eternas. No fueron creadas para reinar. La oscuridad existe, pero no prevalece cuando Dios habla y Su luz se manifiesta (Génesis 1:3).
  • A veces sentimos que el dolor o la confusión nos cubren completamente, pero cada amanecer espiritual nos recuerda que la luz de Dios puede brillar incluso en el momento más oscuro.
  • No permitamos que la oscuridad del presente nos haga olvidar la promesa de la luz de Dios. Mantengamos firme nuestra esperanza en Su palabra.

 

II. CRISTO ES LA LUZ VERDADERA EN MEDIO DE LAS TINIEBLAS

 

  • “En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4–5)
  • Jesús no dijo que traía luz; Él dijo que Él es la Luz. No es una luz creada, ni prestada, ni temporal. Es la luz verdadera que alumbra a todo hombre (Juan 1:9).
  • Las tinieblas intentaron apagar esa luz en la cruz, pero no pudieron. La resurrección es la prueba definitiva de que la luz venció a la oscuridad.
  • Cuando la desesperanza nos rodea, Cristo sigue siendo luz en medio de la tempestad. No depende de circunstancias ni de nuestras emociones: Él es constante.
  • Cuando todo parece oscuro, miremos a Cristo. En Él hay claridad, dirección y vida. Su luz nos revela quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser.

 

III. LA LUZ DE CRISTO REVELA, GUÍA Y TRANSFORMA

 

  • “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105)
  • La luz revela lo que estaba oculto, guía el camino y da seguridad. Así obra Cristo en nuestras vidas. Él revela el pecado para sanar, no para condenar; guía nuestros pasos cuando no sabemos a dónde ir; transforma el corazón que estaba perdido.
  • Pedro, después de negar a Cristo, fue restaurado y transformado. La luz de Cristo no lo condenó, sino que lo guió hacia arrepentimiento y misión.
  • No basta con ver la luz; debemos caminar en ella. Eso implica obediencia diaria, lectura de la Palabra, oración constante y amor al prójimo.

 

IV. EN NUESTRA OSCURIDAD, LA LUZ DE CRISTO TRAE ESPERANZA

 

  • “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?” (Salmo 27:1)
  • Cuando la luz de Dios alumbra el corazón, el temor pierde su dominio. La esperanza renace, la fe se fortalece y el alma descansa. La presencia de Dios disipa el miedo y restaura la confianza.
  • Aun en el valle de sombra de muerte, Su luz nos acompaña (Salmo 23:4). La fe no elimina la oscuridad, pero sí nos da la seguridad de caminar en medio de ella con esperanza.
  • No temamos a la oscuridad cuando caminamos con la Luz. Nuestra fe nos sostiene, nuestra oración nos fortalece y la Palabra nos recuerda que el Señor es refugio y fortaleza.

 

V. LOS QUE HAN RECIBIDO LA LUZ DEBEN REFLEJARLA

 

  • “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14)
  • Cristo, la Luz verdadera, nos llama a reflejar Su luz en un mundo oscuro. No somos la fuente, pero sí portadores de Su luz. Donde hay amor, verdad, justicia y misericordia, allí la luz de Cristo brilla.
  • Cada acto de bondad, cada palabra de consuelo, cada servicio al necesitado es un destello de la luz de Dios. Nuestra familia, iglesia y comunidad se benefician cuando somos portadores de Su luz.
  • Seamos luz en nuestros hogares, en la iglesia y en el mundo. No escondamos la lámpara bajo un celemín; que brille para guiar a otros hacia Cristo.

 

CONCLUSIÓN

 

  • En nuestra oscuridad, Cristo no nos abandona. Él se acerca, alumbra, sana y guía. La luz de Dios no solo disipa las tinieblas, sino que nos conduce a la vida eterna.
  •  Recordemos siempre: la oscuridad es temporal, Cristo es eterno. Su luz nunca se apaga y siempre vence. 

  • ¿Estás caminando en la oscuridad o en la luz?
  • Jesús sigue diciendo: “Sígueme”.
  • Arrepiéntete, cree y camina en Su luz (Hechos 2:38). Que tu vida refleje la luz que has recibido.

  

“Cuando la noche es más oscura, la luz de Cristo brilla con mayor gloria. En nuestra oscuridad, Tú eres la Luz, Señor.”


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