Imaginemos a un pescador solo en su barca, avanzando mar adentro mientras el
sol comienza a salir en el horizonte. La
barca no es solo un medio de transporte; es el lugar desde donde se trabaja, se
espera y se obedece. La red,
extendida sobre la barca, no es solo una herramienta; es el instrumento con el
que se alcanzan vidas que aún no han sido tocadas.
El pescador
sabe que si la barca no avanza, la red no sirve. Puede tener la mejor
red, bien tejida y fuerte, pero si
permanece en la orilla, nunca atrapará nada. Así también, como iglesia cada creyente pueden tener el mensaje del evangelio, pero si no avanzan en fe, obediencia y compromiso, la red nunca tocará
los corazones que están mar adentro.
La barca
representa la vida, el llamado y la obediencia del creyente. Es el paso de fe que nos saca de la comodidad y nos
lleva a aguas más profundas, donde dependemos totalmente de Dios. La red representa el evangelio, extendido con
amor, paciencia y perseverancia, lanzado con la esperanza de que Dios traerá la cosecha.
A veces la
red regresa vacía, y el pescador se cansa. Pero cuando el pescador confía en la voz del Señor y vuelve a
lanzar la red, aunque esté cansado, ocurre el milagro. No es la fuerza del pescador, sino el poder de
Dios el que llena la red.
📖 Como dijo Jesús en
Lucas 5:4:
“Boga
mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.”
El mar
representa el mundo lleno de necesidad, dolor y almas perdidas. La barca es la fe que avanza. La red es el evangelio que se extiende.
Y el pescador es el creyente que obedece.
No basta
con cuidar la barca; hay que remar. No basta con tener la red; hay que lanzarla. Cuando avanzamos en obediencia y extendemos el
evangelio, Dios es quien llena la red con vidas transformadas.
Así, cada
creyente está llamado a ser un pescador fiel: avanzar con la barca de la fe y lanzar la red del evangelio,
confiando en que el Señor traerá el fruto
en Su tiempo perfecto.
❤️🙏📕🎣🛶