LETRERO FE EN LETRA
ISAÍAS 40:8
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Bienvenido a nuestro blog
Bienvenidos! Mensajes, minisermones, bosquejos, reflexiones para Glorificar el Nombre de Dios (Efesios 3:20-21). No deje de estudiar la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 3:18). No deje de reunirse para adorar a nuestro Padre Dios (Hebreos 10:24-25; Juan 4:24; Hechos 2:42; Apocalipsis 3:5, 12, 21). Salúdense los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo (Romanos 16:16).
La verdad en la Bíblia
Creemos y sostenemos que estas cosas son ciertas basándonos en la Palabra de Dios:
1. Solo hay un Dios verdadero. Él es el Creador de toda la vida y el Soberano Supremo del Universo. Siempre ha existido (es eterno, sin principio, increado) y coexiste en igualdad de condiciones en tres Personas: Dios Padre, Dios Hijo (Jesucristo) y Dios Espíritu Santo. Conocemos a Dios a través de su Creación, su Palabra escrita y su Hijo.
Génesis 1:26-27; Deuteronomio 6:4; Job 38:1-41:34; Mateo 3:13-17; Juan 3:16; Romanos 1:19-20; 2 Corintios 13:14; Efesios 4:6
2. Jesucristo es el único Hijo de Dios. Vino a la tierra para demostrar el amor de Dios muriendo en la cruz, tomando sobre sí los pecados de toda la humanidad y pagando el castigo que merecían. Su resurrección corporal y su promesa de regresar algún día son testimonios de que Él es el Rey de reyes y Señor de señores.
Mateo 1:22-23; Juan 1:1, 14, 18; Hechos 10:37-43; 1 Corintios 15:3-4; Efesios 2:4-8; Filipenses 2:5-11; Colosenses 1:15-21; Hebreos 1:1-3
3. El Espíritu Santo viene a morar en nuestros cuerpos como su hogar, brindando ayuda, fortaleza y dirección a los cristianos para servir a Jesús y llevar a otros a la salvación.
Juan 14:16-17; Juan 16:7-13; Hechos 2:38; 1 Corintios 6:19-20; Efesios 3:16-20; 5:18
4. La Biblia es la Palabra inspirada de Dios, autoridad final y guía para nuestras vidas.
Salmo 19:7-11, 119:105, 160; Juan 17:17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21
5. Creación y libre albedrío. Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, con capacidad de elegir entre el bien y el mal.
Génesis 1:27, 3:1-24; Salmo 8:3-6; Juan 4:24; Romanos 3:23; Efesios 1:4-6; Hebreos 4:13; 1 Juan 4:8, 19
6. Salvación por gracia. La muerte de Jesús fue planeada desde el principio para salvarnos de nuestros pecados.
Isaías 59:2; Juan 3:16, 14:6; Hechos 2:37-39; Romanos 3:10,11,23; 6:3-4,23; 1 Corintios 15:1-4; Efesios 2:1-10; 1 Timoteo 6:12; Tito 3:3-8
7. Vida eterna y destino. Quienes siguen a Jesús son los elegidos y pasarán la eternidad con Dios, los que rechazan serán hijos de desobediencia.
Ezequiel 18:20; Mateo 7:21-23,10:28,24:24,25:31-46; Romanos 6:23,10:16; Lucas 16:19-31; Juan 14:1-6; Hechos 10:34-35; Efesios 2:2; Filipenses 3:17-21; Apocalipsis 20:15
8. La Iglesia es la familia espiritual de Dios. Debemos amarnos unos a otros y mantener la unidad en propósito y relación.
Mateo 16:15-18; Juan 17:20-23,13:34-35; Hechos 2:42-47,20:7; 1 Corintios 12:12-27; Efesios 1:22-23,2:19-22; 1 Pedro 2:4-10
9. Roles en la iglesia y hogar. Hombres y mujeres tienen roles distintos y complementarios según las Escrituras.
Hechos 6:1-6; 1 Corintios 11:3; 1 Timoteo 2:12,3:1-8,5:14; 2 Timoteo 1:5; Tito 2:3-4
10. Adoración y música. Dios nos llama a adorar a capela según convicciones del Nuevo Testamento.
Mateo 26:30; Hechos 16:25; Romanos 15:9; 1 Corintios 14:15; Efesios 5:19; Colosenses 3:16; Hebreos 2:12; Santiago 5:13
11. Matrimonio. Es un pacto para toda la vida entre Dios, un hombre y una mujer.
Génesis 2:22-24; Malaquías 2:16; Mateo 19:3-9; Marcos 10:2-12; 1 Corintios 7:1-16; Efesios 5:22-23; Hebreos 13:4-7
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INFOGRAFÍA: NO TODOS TIENEN EL MISMO CORAZÓN
📙COLOSENSES 3:14 LA PALABRA QUE FORMA EL HOGAR - EL AMOR QUE UNE
LA PALABRA QUE FORMA EL HOGAR: EL
AMOR QUE UNE
📖 Colosenses 3:14 “Y sobre
todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad.”
Colosenses 3:14 nos revela el secreto divino para construir un
hogar firme: vestirse de amor. No es un accesorio espiritual, es una
prenda diaria, indispensable, que cubre, protege y mantiene unida a la familia.
El amor que Dios demanda no es emocional ni superficial; es un amor que se
decide, se practica y se demuestra aun cuando las circunstancias no son
fáciles. Es un amor que refleja el carácter de Cristo en lo cotidiano.
Un hogar no se sostiene por la ausencia de problemas, sino por la
presencia del amor de Dios. Cuando la familia se viste de amor, las palabras se
vuelven más suaves, las decisiones más sabias y los conflictos más manejables.
El amor transforma el ambiente del hogar, lo llena de paciencia, humildad,
perdón y servicio. Es el lazo que evita que la familia se rompa, el pegamento
espiritual que mantiene todo en su lugar.
El apóstol Pablo enseña que el amor es el vínculo de la unidad.
Esto significa que sin amor, aun las mejores enseñanzas pierden fuerza; pero
con amor, cada verdad de Dios cobra vida. El amor convierte la instrucción en
ejemplo, la corrección en restauración y la convivencia en armonía. Un hogar
donde reina el amor de Cristo se convierte en un refugio seguro, un espacio
donde la gracia fluye y la fe crece.
El amor no elimina los desafíos, pero sí cambia la manera de
enfrentarlos. Un hogar vestido de amor aprende a escuchar antes de reaccionar,
a perdonar antes de guardar rencor, a servir antes de exigir. Ese amor no nace
del esfuerzo humano, sino de una vida rendida a Cristo.
Fórmula Bíblica:
📙Hogar centrado en Cristo = Vestirse de amor + Practicar la unidad +
Reflejar el carácter de Cristo
Colosenses 3:14 nos recuerda que la verdadera fortaleza del hogar
no se mide por lo que se tiene, sino por lo que se vive.
Y lo que sostiene a la familia en todo tiempo es el amor que viene
de Dios, ese amor que une, restaura y mantiene firme el corazón del hogar.
INFOGRAFÍA: LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO - EL PROCESO DEL SELLO
1. La salvación comienza con escuchar el evangelio
- Efesios 1:13 — “habiendo oído la palabra de verdad”
- Romanos 10:17 — “la fe es por el oír”
- Juan 17:17 — “tu palabra es verdad”
- Nadie cree en Cristo sin primero escuchar el evangelio.
2. El evangelio es la palabra de verdad que salva
- Efesios 1:13 — “evangelio de vuestra salvación”
- Santiago 1:21 — “la palabra implantada, la cual puede salvar”
- 1 Corintios 15:1–2 — “por el cual sois salvos”
- La salvación está ligada al mensaje del evangelio, no a ideas humanas.
3. La fe es una respuesta necesaria al evangelio
- Efesios 1:13 — “habiendo creído en él”
- Hebreos 11:6 — “sin fe es imposible agradar a Dios”
- Marcos 16:16 — “el que creyere y fuere bautizado”
- El evangelio requiere una respuesta activa de fe obediente.
4. El Espíritu Santo sella al creyente en Cristo
- Efesios 1:13 — “sellados con el Espíritu Santo”
- 2 Corintios 1:22 — “nos ha sellado”
- Efesios 4:30 — “sellados para el día de la redención”
- El sello indica propiedad, seguridad y pertenencia a Dios.
5. El Espíritu Santo es la promesa cumplida de Dios
- Efesios 1:13 — “Espíritu Santo de la promesa”
- Hechos 2:33 — “la promesa del Espíritu Santo”
- Juan 14:16–17 — “otro Consolador”
- El Espíritu es evidencia de que Dios cumple lo prometido.
6. El Espíritu es garantía de la herencia futura
- Efesios 1:14 — “arras de nuestra herencia”
- 2 Corintios 1:22 — “arras del Espíritu”
- Romanos 8:16–17 — “herederos de Dios”
- El Espíritu es el anticipo de la gloria futura.
7. La salvación incluye redención final completa
- Efesios 1:14 — “hasta la redención”
- Romanos 8:23 — “la redención de nuestro cuerpo”
- Lucas 21:28 — “vuestra redención está cerca”
- La salvación tiene presente, pero también una consumación futura.
8. Dios ha adquirido un pueblo para sí mismo
- Efesios 1:14 — “posesión adquirida”
- Hechos 20:28 — “la iglesia de Dios”
- 1 Pedro 2:9 — “pueblo adquirido por Dios”
- La iglesia pertenece a Dios como su posesión redimida.
9. Todo el plan de salvación termina en la gloria de Dios
- Efesios 1:14 — “para alabanza de su gloria”
- Efesios 1:6, 12 — mismo propósito repetido
- Romanos 11:36 — “a él sea la gloria”
- El fin de todo el evangelio es exaltar a Dios.
10. La salvación es segura y está garantizada por Dios
- Efesios 1:13–14
- Juan 10:28 — “nadie las arrebatará”
- Filipenses 1:6 — “el que comenzó la buena obra”
- Dios no solo salva: también asegura la salvación hasta el final.
📙DEUTERONOMIO 7:12-14 LAS BENDICIONES DEL PACTO - ANTIGUO TESTAMENTO
Las
bendiciones del pacto
Deuteronomio 7:12–14 debe
leerse dentro del pacto mosaico: Dios prometió a Israel bendiciones
concretas fruto, cosechas, ganado y prosperidad relacionadas con su obediencia
y con su permanencia en la tierra prometida. Estas promesas no son un
contrato de prosperidad material para el cristiano actual. Bajo el Nuevo
Testamento estamos en el nuevo pacto de Cristo (Hebreos 8:6–13), cuyas
bendiciones principales son espirituales y eternas: “toda bendición
espiritual… en Cristo” (Efesios 1:3), incluyendo redención, perdón y una
herencia incorruptible. Por tanto, el principio permanece: Dios es fiel y su
pueblo debe responder con obediencia; pero la naturaleza de las bendiciones ha
cambiado de acuerdo con el pacto. El cristiano puede experimentar
abundancia o necesidad (Filipenses 4:11–13) sin que ninguna de las dos
determine su fidelidad. La verdadera bendición no consiste en recibir todo
lo que deseamos, sino en pertenecer a Cristo, vivir conforme a su palabra y
esperar la herencia eterna que Dios ha prometido.
INFOGRAFÍA: DEL PECADO A LA SALVACIÓN EN CRISTO
Romanos 3:23
“Por cuanto todos pecaron, y
están destituidos de la gloria de Dios.”
Romanos 6:23
“Porque la paga del pecado
es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Isaías 59:2
“Pero vuestras iniquidades
han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho
ocultar de vosotros su rostro para no oír.”
1 Juan 1:8
“Si decimos que no tenemos
pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.”
Eclesiastés 7:20
“Ciertamente no hay hombre
justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.”
Salmo 51:5
“He aquí, en maldad he sido
formado, y en pecado me concibió mi madre.”
Efesios 2:1
“Y él os dio vida a
vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,”
Efesios 2:8–9
“Porque por gracia sois
salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
no por obras, para que nadie se gloríe.”
Juan 3:16
“Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Romanos 5:8
“Mas Dios muestra su amor
para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
1 Pedro 2:24
“Quien llevó él mismo
nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando
muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis
sanados.”
Gálatas 3:27
porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
2 Corintios 5:17
“De modo que si alguno está
en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son
hechas nuevas.”
DEL PECADO A LA SALVACIÓN EN CRISTO
La Escritura presenta al ser humano bajo la realidad universal del pecado: todos han pecado y están separados de la gloria de Dios, incapaces de justificarse por sus propias obras. El pecado produce muerte y separación de Dios, dejando al hombre espiritualmente muerto y necesitado de redención. Sin embargo, Dios, en su amor y gracia, proveyó la salvación por medio de Jesucristo: Cristo murió por los pecadores, llevó nuestros pecados en la cruz y ofreció gratuitamente la vida eterna. Esta salvación no se obtiene por méritos humanos, sino por gracia mediante la fe. Al creer en Cristo y ser unidos a Él, el creyente recibe una nueva identidad: es revestido de Cristo y hecho una nueva criatura. Así, el camino bíblico va de la condenación del pecado a la reconciliación con Dios, de la muerte espiritual a la vida eterna y de la vieja naturaleza a una vida nueva en Cristo.
INFOGRAFÍA: DE LA ESCLAVITUD A LA GLORIA
Efesios 1:13
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
Efesios 1:14
que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
De la
esclavitud a la gloria
Pablo presenta aquí una extraordinaria transición espiritual: de la esclavitud a la gloria. El ser humano se encuentra separado de Dios y bajo el dominio del pecado, pero Dios ha provisto en Cristo el camino de redención. El proceso comienza cuando la persona oye “la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación” y cree en Cristo. El evangelio no es simplemente información que se escucha; es el mensaje de salvación que demanda una respuesta de fe y obediencia. Por eso, cuando examinamos el mensaje apostólico, encontramos que aquellos que recibieron el evangelio fueron llamados al arrepentimiento y al bautismo para perdón de los pecados (Hechos 2:38).
Esta verdad fue anunciada
primero a los judíos y posteriormente también a los gentiles. En Hechos 2:38,
Pedro dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de
Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”
La promesa no quedó limitada a los judíos presentes en Jerusalén, pues Pedro
continuó diciendo: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros
hijos, y para todos los que están lejos” (Hechos 2:39). Después, en Hechos
10, vemos a Cornelio y su casa, gentiles que escucharon el evangelio, y
Pedro finalmente “mandó bautizarles en el nombre del Señor” (Hechos
10:48). De esta manera, judíos y gentiles reciben el mismo evangelio y
obedecen el mismo mandato de Cristo.
Efesios explica el resultado
de esta reconciliación. Los gentiles que estaban “alejados” y “ajenos
a los pactos de la promesa” fueron “hechos cercanos por la sangre de
Cristo” (Efesios 2:12-13). Cristo “de ambos pueblos hizo uno” y los
reconcilió “con Dios en un solo cuerpo por medio de la cruz” (Efesios
2:14-16). Por eso Pablo declara que los gentiles son “coherederos y miembros
del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del
evangelio” (Efesios 3:6). Lo que comenzó en una condición de alejamiento
y esclavitud termina en cercanía, reconciliación, pertenencia y herencia.
El bautismo forma parte de
esta respuesta obediente al evangelio. Efesios declara que existe “un Señor,
una fe, un bautismo” (Efesios 4:5). Esta enseñanza armoniza con Gálatas
3:27: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo
estáis revestidos”, y con Romanos 6:3-4, donde somos bautizados
en Cristo, sepultados con Él y levantados para andar en vida
nueva. Por eso el bautismo no debe presentarse como una tradición humana
añadida al evangelio, sino como parte de la respuesta obediente al mandato de
Cristo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos”
(Mateo 28:19), y “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos
16:16).
Después de presentar esta
respuesta de fe y obediencia, Pablo llega a una de las verdades más gloriosas: “fuisteis
sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13). El sello
habla de pertenencia, identificación y seguridad. Ya no somos
simplemente personas que han oído acerca de Cristo; en Cristo somos
identificados como pueblo de Dios. El Espíritu Santo es presentado además como “las
arras de nuestra herencia” (Efesios 1:14), es decir, la garantía o anticipo
de aquello que Dios ha prometido. La meta final no es solamente escapar de la
esclavitud del pecado, sino llegar a la herencia que Dios ha preparado para
sus hijos.
Aquí debemos distinguir
cuidadosamente entre el don del Espíritu Santo y los dones
espirituales milagrosos del primer siglo. Hechos 2:38 promete “el don
del Espíritu Santo”, mientras que 1 Corintios 12 presenta diversos dones
espirituales distribuidos particularmente por el Espíritu: “a cada uno en
particular como él quiere” (1 Corintios 12:11). No todos hablaban lenguas,
no todos profetizaban ni todos poseían los mismos dones (1 Corintios 12:29-30).
En el período apostólico, estos dones tuvieron una función especial relacionada
con la revelación y edificación de la iglesia. Hechos 8:14-18 y 19:6 muestran
además la relación entre la imposición de las manos de los apóstoles y la
manifestación de estos dones.
Por eso, no debemos
confundir al Espíritu Santo con los dones milagrosos. El Espíritu Santo
está relacionado con nuestra identidad como hijos de Dios: “todos los que
son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos
8:14), y “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos
hijos de Dios” (Romanos 8:16). Cristo también prometió al Espíritu como Consolador
(Juan 14:16-17). El Espíritu nos guía, pero esta guía no debe entenderse como
nuevas doctrinas o revelaciones privadas independientes de las Escrituras. El
Espíritu reveló la voluntad de Dios mediante los apóstoles, y nosotros tenemos
esa voluntad en la Palabra de verdad (Efesios 1:13; 4:11-15; 6:17).
Los dones milagrosos
pertenecieron a una etapa particular de la revelación. Pablo dijo que “en
parte conocemos, y en parte profetizamos”, y que llegaría el momento en que
aquello que era “en parte” se acabaría (1 Corintios 13:8-10). Efesios
4:11-13 relaciona los ministerios y dones dados a la iglesia con el propósito
de llevarla a “la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios”.
Una vez entregada la revelación completa, no necesitamos nuevas revelaciones
para conocer la voluntad de Dios. La Escritura es suficiente para hacer al
hombre de Dios “perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2
Timoteo 3:16-17).
Por tanto, el mensaje de “la
esclavitud a la gloria” puede resumirse así: éramos esclavos del pecado,
pero escuchamos la palabra de verdad; creímos el evangelio; obedecimos a
Cristo; fuimos bautizados para perdón de los pecados; entramos en Cristo y
comenzamos una nueva vida; recibimos el don del Espíritu Santo; somos sellados
como pueblo de Dios; somos reconocidos como hijos y herederos; y caminamos
hacia la redención final. El Espíritu Santo nos consuela y nos guía
conforme a la verdad revelada, mientras esperamos aquello que Pablo llama “la
redención de la posesión adquirida”. Y todo tiene una finalidad suprema: “para
alabanza de su gloria” (Efesios 1:14).
Así, la historia del
creyente no termina en el momento del bautismo; comienza allí una vida nueva en
Cristo. El que estaba lejos ha sido acercado, el que estaba esclavizado ha
sido redimido, el que estaba separado ha sido hecho parte del cuerpo de Cristo,
el que no tenía herencia ha sido hecho coheredero, y el que escuchó el
evangelio ahora vive esperando la gloria final de la redención. Todo
procede de Dios, todo se encuentra en Cristo, todo es anunciado por
el evangelio, y todo termina “para alabanza de su gloria”.
Mis hermanos, la columna vertebral de nuestro tema a través de la Palabra de Dios queda entonces muy clara: ESCLAVITUD → EVANGELIO → FE Y OBEDIENCIA → BAUTISMO → CRISTO → ESPÍRITU → HIJOS → HERENCIA → REDENCIÓN → GLORIA.
INFOGRAFÍA: EL SELLO DEL ESPÍRITU SANTO - IDENTIDAD, SEGURIDAD Y TRANSFORMACIÓN
Efesios 1:13
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
Efesios 1:14
que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
Romanos 8:16
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Efesios 4:30
Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
En Efesios 1:13-14, Pablo establece una secuencia
fundamental: “habiendo oído la palabra de verdad, el
evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con
el Espíritu Santo de la promesa”. El evangelio no solamente
debe ser oído, sino creído y obedecido, pues
el Nuevo Testamento presenta la obediencia como la respuesta activa de la fe al
mensaje de Cristo (Romanos 1:5; 16:26; 2 Tesalonicenses 1:8).
Esta verdad armoniza con las palabras de Jesús en Juan 3:5: “El que no naciere de agua y del
Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. El nuevo
nacimiento es indispensable para entrar en el reino, y
cuando examinamos esta enseñanza a la luz del resto del Nuevo Testamento
encontramos que el agua ocupa un lugar
esencial en la respuesta obediente al evangelio: Hechos 2:38 relaciona el arrepentimiento y el
bautismo con el perdón de los pecados; Romanos 6:3-4 presenta el bautismo como sepultura y
resurrección con Cristo para andar en vida nueva; y Gálatas 3:27 afirma que somos bautizados en Cristo y revestidos de Él. Por tanto,
la Escritura permite ver una unidad entre fe, obediencia, agua
y Espíritu: el hombre oye el evangelio, cree en Cristo y
responde obedientemente, participando del nuevo nacimiento “de agua y del Espíritu” y entrando en Cristo.
Además, Hechos 2:38 vincula esta
respuesta con la recepción del don del Espíritu Santo, mientras Efesios 1:13-14 muestra al Espíritu como sello y arras de la herencia. Finalmente, Efesios 4:30 recuerda que aquellos que fueron
sellados con el Espíritu fueron sellados “para el día de la redención”;
por ello, la salvación recibida mediante la obediencia al evangelio debe ir
acompañada de una vida fiel que no contriste al Espíritu Santo.
Así, el énfasis bíblico no está en separar fe, obediencia,
bautismo y Espíritu, sino en comprender cómo estos elementos se
integran dentro de la respuesta del hombre al evangelio de Cristo.
📖 HISTORIA DE FE Y OBEDIENCIA: CUANDO EL CORAZÓN DICE “SÍ” A DIOS
INFOGRAFÍA: ATRIBUTOS Y OBRAS DEL ESPÍRITU SANTO
DIOS ESPÍRITU SANTO
El Espíritu divino que revela, guía y santifica
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”
1 Corintios 3:16
Atributos y obras del Espíritu Santo:
Consolador enviado por Dios
(Juan 14:16)
Espíritu de verdad
(Juan 16:13)
Santificador del creyente
(2 Tesalonicenses 2:13)
Guía a los hijos de Dios a través de la Palabra
(Romanos 8:14)
Mora en los cristianos
(1 Corintios 6:19)
Intercede por los santos
(Romanos 8:26-27)
Sella al creyente para la herencia prometida
(Efesios 1:13-14)
Da vida espiritual
(Romanos 8:11)
Transforma y capacita al Cristiano
El Espíritu Santo repartió dones milagrosos conforme a su voluntad para confirmar la Palabra de Dios y edificar la iglesia en el primer siglo.
Hoy continúa obrando mediante la Palabra inspirada, transformando el carácter del cristiano y capacitando a cada miembro con diferentes capacidades y oportunidades para servir y edificar el cuerpo de Cristo.
(1 Corintios 12:11; 2 Timoteo 3:16-17; 1 Pedro 4:10)
Produce el fruto espiritual
(Gálatas 5:22-23)
Inspiró las Escrituras
(2 Pedro 1:21)
Dios Espíritu Santo es el Espíritu
divino, plenamente partícipe de la Deidad,
que posee voluntad, conocimiento y capacidad de actuar, hablar, enseñar y ser
contristado; no es una mera fuerza impersonal, sino el Consolador y Espíritu
de verdad enviado por el Padre y por el Hijo para cumplir su
obra divina (Juan 14:16-17, 26; 15:26; Efesios 4:30; 1 Corintios 2:10-11).
Participó en la obra divina desde el principio y su poder se manifiesta en la
creación y en la obra de Dios (Génesis 1:2; Salmo 104:30). Él revela
la verdad, guio a los apóstoles a toda la verdad y inspiró
las Escrituras, haciendo que hombres hablaran de parte de Dios
(Juan 16:13; 2 Pedro 1:21; 1 Corintios 2:10-13); por medio de esa Palabra
continúa guiando al cristiano en la voluntad de Dios (Romanos 8:14). El
Espíritu Santo santifica, transforma el carácter del
creyente y produce en él el fruto del Espíritu amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (2 Tesalonicenses 2:13; Gálatas 5:22-23). Mora en los
cristianos como pueblo de Dios y como individuos que pertenecen
a Cristo (1 Corintios 3:16; 6:19), y su presencia está relacionada con la herencia
prometida, pues los creyentes fueron sellados con el Espíritu
Santo al oír y creer la palabra de verdad (Efesios 1:13-14). También intercede
por los santos conforme a la voluntad de Dios (Romanos 8:26-27)
y da vida en relación con la obra de Dios en el creyente (Romanos 8:11). En el
primer siglo, el Espíritu Santo repartió dones milagrosos conforme a su
voluntad para revelar y confirmar la verdad y edificar la
iglesia (1 Corintios 12:4-11; Hebreos 2:3-4); una vez entregada la revelación
apostólica, las Escrituras constituyen la Palabra inspirada y suficiente para
hacer al hombre de Dios perfecto y enteramente preparado para toda buena obra
(2 Timoteo 3:16-17). Por tanto, el Espíritu Santo debe ser reconocido como divino,
eterno en su naturaleza, Espíritu de verdad, revelador, inspirador de las
Escrituras, santificador, morador del creyente, intercesor y dador de
capacidades para servir, cuya obra está inseparablemente
relacionada con el Padre, el Hijo y la Palabra de Dios.
INFOGRAFÍA: LA SAL DA SABOR: EL CRISTIANO DEBE HACER VISIBLE LA BELLEZA DE DIOS
- Bondad
- Paciencia
- Misericordia
- Compasión
- Perdón
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INFOGRAFÍA: NO TODOS TIENEN EL MISMO CORAZÓN
La Palabra de Cristo revela la verdadera condición del corazón , porque mientras la incredulidad retrocede ante la verdad que confronta, ...
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