PENSAMIENTO: SEÑOR… NO PERMITAS QUE MI CORAZÓN OLVIDE

 

Hay momentos en que el alma se nos llena de grietas… y sin darnos cuenta comenzamos a olvidar las misericordias que un día nos sostuvieron. Se nos borra la memoria espiritual, no porque Dios haya dejado de obrar, sino porque el dolor a veces pesa más que los recuerdos.

Pero aun cuando nuestro corazón se debilita, el Señor se acerca con ternura y nos susurra:
“Hijo, salva lo que tienes ahora… guarda esa fe que todavía respira, aunque sea pequeña; no sueltes lo que Yo planté en ti”.

Y ahí, en ese susurro divino, descubrimos que nunca caminamos solos.
Dios vio esas noches en que el cansancio nos venció, cuando las lágrimas que nadie escuchó hablaron más fuerte que nuestras palabras.
Él estuvo ahí cuando creías que nadie te comprendía; Él estuvo ahí cuando sentías que tus fuerzas ya no alcanzaban.

Por eso hoy, con honestidad y con quebranto, levantamos nuestra mirada y decimos:
“Señor, ayúdame a no olvidarme… recuérdame la gracia que me rescató, los días en que me levantaste, las veces en que Tu amor me devolvió la vida”.

Porque cuando recordamos al Dios que nunca falló, el corazón vuelve a latir con esperanza.

Y entendemos una verdad que abraza:
Él no ha terminado con nosotros.
Lo que Dios comenzó, lo sostendrá con Su mano;
lo que Él encendió, no lo dejará apagarse.

Cuando el alma recuerda, se fortalece.
Cuando el corazón vuelve a Dios, revive.

Y aunque el mundo se desmorone alrededor, una cosa permanece firme:
Dios sigue obrando… incluso cuando nosotros olvidamos.
Él no ha terminado contigo… y lo que Él empezó en tu vida, jamás lo dejará caer. ⚓📖💗

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