HISTORIA DE FE Y OBEDIENCIA: LA LUZ DEL SEÑOR EN MEDIO DE
LA PRUEBA
Hace algunos años, un hermano en Cristo recibió una noticia
que estremeció su vida: un diagnóstico médico grave que amenazaba su salud y
su rutina diaria. Por fuera, la situación parecía desesperada y su corazón
sintió miedo; todo en él quería buscar soluciones inmediatas, depender
únicamente de los médicos y dejar de lado su comunión con Dios.
Pero él decidió entregar la situación al Señor desde el
primer momento, dedicando horas a la oración, la lectura de la Palabra y
buscando apoyo en la familia de la fe. Cada versículo le recordaba que Dios
es soberano, que Su cuidado nunca falla y que incluso en la enfermedad, Su
propósito se cumple (Salmo 46:1; Isaías 41:10). Su corazón estaba dividido
entre la ansiedad natural y la confianza plena en la dirección del Señor.
Durante una reunión de oración con sus hermanos, sintió una
paz profunda y real que superaba todo entendimiento, como si Dios le
susurrara que no temiera y que su vida estaba en Sus manos. Esa paz no fue un
simple sentimiento: fue la luz del Señor guiando su corazón a permanecer
firme en la fe, confiando en Su poder y sabiduría.
Con el tiempo, el tratamiento médico avanzó con éxito, pero
lo más importante fue la transformación de su corazón y su vida espiritual.
Aprendió a depender del Señor en cada detalle, a valorar la oración constante y
a compartir su experiencia para alentar a otros que enfrentaban situaciones
similares. Dios le abrió oportunidades para apoyar y acompañar a
hermanos en momentos difíciles, mostrando cómo la fe y la obediencia pueden
sostenernos incluso en pruebas inesperadas.
Esta historia nos recuerda que la luz de Dios no siempre
elimina la prueba, pero sí ilumina el camino para atravesarla con fe y
obediencia. La verdadera fortaleza no proviene de evitar la dificultad,
sino de confiar en que Dios tiene control sobre todo y que Su propósito se
cumple en nosotros y a través de nosotros. Que este ejemplo nos inspire a entregar
cada situación incierta al Señor, sabiendo que Su luz siempre nos guía, Su
paz nos sostiene y Su obra se perfecciona en nuestra vida y en la de quienes
nos rodean.
