- La
cruz produce vida - Cristo murió para que nosotros
pudiéramos tener vida.
- Morir
al yo es necesario - El discípulo debe renunciar al dominio
del ego y del pecado.
- Cristo
es el ejemplo supremo - Él entregó su vida voluntariamente por
nosotros.
- El
bautismo nos une a la muerte y resurrección de Cristo - Somos sepultados con Él para muerte y levantados para andar en vida nueva
(Romanos 6:3-4).
- La
entrega produce una vida nueva - Morir al pecado no es el final;
conduce a una nueva manera de vivir.
- El
Reino funciona mediante la rendición - Seguir a Cristo implica entregar nuestra voluntad a Dios.
En Cristo, la muerte no es el final: morimos al pecado para vivir una vida nueva; y esa verdad alcanza una expresión fundamental en el bautismo, donde somos bautizados en su muerte y levantados para andar en vida nueva.
Gálatas 3:27
porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
Romanos 6:3
¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?
Romanos 6:4
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.