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INFOGRAFíA: EL EXTRANJERO

 

Levítico 19:33  

Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. 

Levítico 19:34  

Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios. 

Levítico 19:35  

No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, en peso ni en otra medida. 

Levítico 19:36  

Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. 

Levítico 19:37  Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por obra. Yo Jehová.

Dios demanda justicia, amor y dignidad para el extranjero

Levítico 19:33–37 presenta un principio muy claro: Dios no permitía que el extranjero fuera oprimido, explotado ni tratado como una persona de menor valor, sino que debía ser tratado como uno del pueblo y amado como a uno mismo. Israel debía recordar que ellos también habían sido extranjeros en Egipto; por eso, la experiencia de haber recibido misericordia debía producir misericordia hacia otros. Aunque este mandamiento pertenece al pacto de Israel, el principio moral que revela el carácter de Dios permanece plenamente visible en el Nuevo Testamento: Dios es justo, no hace acepción de personas y llama a sus hijos a tratar al prójimo con amor, misericordia y dignidad. Jesús resumió este principio diciendo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39), y Santiago condena el favoritismo hacia unas personas sobre otras (Santiago 2:1–9). El Nuevo Testamento también enseña: “No os olvidéis de la hospitalidad” (Hebreos 13:2), “haced bien a todos” (Gálatas 6:10) y “no hay acepción de personas para con Dios” (Romanos 2:11). Al mirar toda la Biblia, desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, encontramos una misma verdad acerca del carácter de Dios: Él aborrece la opresión, exige justicia, condena la parcialidad y espera que su pueblo manifieste amor hacia las personas que están en necesidad, vulnerabilidad o condición de extranjero. Esto no significa eliminar las leyes civiles ni ignorar las responsabilidades de cada persona ante las autoridades, sino recordar que ningún ser humano pierde su dignidad delante de Dios por ser extranjero. Para el cristiano, la pregunta no debe ser solamente “¿qué derechos tiene esta persona?”, sino también “¿cómo puedo tratarla con justicia, amor, verdad y dignidad, como Dios manda?”. La iglesia debe reflejar el carácter de Cristo: verdad sin crueldad, justicia sin favoritismo y amor sin discriminación, porque el evangelio nos enseña a mirar primero a la persona creada a imagen de Dios y después sus circunstancias.

 


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