UN CORAZÓN QUE SE REGOCIJA EN LA PRESENCIA DE DIOS
📖 “Yo me alegré con los que me
decían: A la casa de Jehová iremos.” (Salmo 122:1)
El salmista expresa un gozo profundo al recibir la invitación de ir a la casa de Jehová. Para él, no se trataba de una obligación pesada ni de una rutina vacía, sino de un privilegio y motivo de alegría. La adoración a Dios en comunidad producía gozo y fortaleza espiritual.
Hoy en día, este versículo nos recuerda que la reunión con la iglesia, el cuerpo de Cristo debe ser motivo de felicidad, no de carga. El verdadero cristiano entiende que en la asamblea se alaba al Creador, se fortalece la fe, se recibe enseñanza y se comparte la comunión con los hermanos.
Cada vez que nos levantamos para ir a adorar al Señor, debemos hacerlo con el mismo espíritu que el salmista: con gozo y expectativa. La actitud con la que vamos a la adoración revela cuánto amamos a Dios y cuánto valoramos Su presencia. Tengamos en claro que hoy, la iglesia no es el edificio, sino la reunión del pueblo santo delante del Señor (Hebreos 10:24-25; Juan 4:24).
El gozo de adorar a
Dios debe ser mayor que cualquier distracción o excusa. La verdadera felicidad
se encuentra en estar en comunión con Él y con Su pueblo.
La
próxima vez que te inviten a adorar al Señor, recuerda este versículo. Haz que
tu respuesta sea con gratitud y entusiasmo: “¡Yo también me alegraré, y con
gozo iré a la casa del Señor!”
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