En el barco de la vida, las
tormentas son inevitables: vientos fuertes, olas que azotan y un cielo que
parece cerrarse. Pero aun en medio del temor, recordamos que Cristo está en la
barca, y con Él no hay lugar para la desesperanza. Su voz calma el mar y su
presencia sostiene nuestra fe cuando todo alrededor parece hundirse. La
tormenta no tiene la última palabra, porque nuestro Capitán gobierna los cielos
y la tierra. Por eso, aun cuando las aguas se agiten, decimos con confianza:
Señor, en Ti confiamos. 🙏⚓🌊