FRASE DEL DÍA: ¿QUIÉN SOY YO, SEÑOR, PARA PREDICAR TU PALABRA?



¿QUIÉN SOY YO, SEÑOR, PARA PREDICAR TU PALABRA? 
 

📖 ¡Ah, Señor Jehová! …He aquí, no sé hablar… Pero Jehová me dijo: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.
 Jeremías 1:6-7 (RV1960)

 

“¿Quién soy yo, Señor, para predicar tu Palabra?” Es la pregunta que brota del corazón humilde de aquel que reconoce su fragilidad ante la grandeza del llamado divino. Jeremías la expresó con temor y temblor, sintiéndose incapaz, pero Dios le respondió con poder y ternura: No digas: Soy un niño.” Porque cuando Dios llama, Él también equipa, fortalece y respalda. No busca voces elocuentes ni mentes sabias según el mundo, sino corazones dispuestos, manos limpias y labios que se dejen guiar por Su Espíritu.

Predicar la Palabra de Dios no es un honor que alguien se otorgue a sí mismo, sino un privilegio que el Señor concede a quienes desean servirle fielmente. El verdadero predicador no confía en su habilidad, sino en la fidelidad de Aquel que lo envía. En cada sermón, en cada enseñanza, en cada palabra compartida, el poder no está en quien habla, sino en el mensaje mismo la Palabra viva de Dios que transforma vidas, consuela corazones y rescata almas.

Así como Jeremías fue llamado desde el vientre de su madre (Jeremías 1:5), también cada siervo del Señor ha sido preparado por Dios para cumplir su propósito. Puede que a veces tiemble el alma y la voz se quiebre, pero el Espíritu Santo da palabras, valor y dirección. Dios no busca perfección humana, sino obediencia. Y cuando el siervo dice: “Señor, no soy digno”, el Padre responde: “Mi gracia te basta”.

Por eso, aunque nuestras fuerzas sean limitadas, el llamado de Dios es mayor que nuestros miedos. Cada vez que proclamamos su Palabra, Cristo mismo habla a través de nosotros. Y aun cuando nadie escuche, el cielo registra nuestra fidelidad. El mismo Dios que usó a Moisés, Jeremías y los apóstoles, hoy levanta siervos de fe para anunciar su verdad al mundo perdido.

¿Quién soy yo, Señor, para predicar tu Palabra?” solo un siervo imperfecto, pero redimido por la sangre del Cordero. No tengo méritos, pero tengo tu llamado; no tengo poder, pero tengo tu Espíritu. Así que, con temor reverente y corazón dispuesto, puedo decir:
“Aquí estoy, Señor… dispuesto a servirte, porque tuyo soy.”💖📖⌛

 

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