La vida del cristiano se asemeja a un barco que cruza mares
tempestuosos. A veces los vientos son fuertes, las olas golpean con violencia y
pareciera que no hay salida. Pero Dios, en Su fidelidad, guía nuestra
embarcación y calma la tormenta. Cuando finalmente el barco llega al puerto, no
solo encuentra descanso, sino también la confirmación de que la mano del Señor
estuvo allí, sosteniendo el timón.🌅 🚢🙏