La vida es breve, y la Escritura nos recuerda que “no sabéis lo que será mañana” (Santiago 4:14). Cada día que pasa es un regalo de la gracia de Dios, pero también una oportunidad que no vuelve. Jesús advirtió que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes (Lucas 12:15), porque el tiempo corre y el corazón puede endurecerse. Hoy es el momento de escuchar la voz de Dios y responder con humildad y obediencia (Hebreos 3:15).
La eternidad es segura, y Dios ha fijado un destino que nadie puede evadir: “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). El Señor enseñó que la muerte no avisa cuando dijo: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma” (Lucas 12:20). Nada de lo acumulado en esta vida riquezas, logros o prestigio puede acompañarnos más allá de la tumba; solo nuestra relación con Dios permanece (1 Timoteo 6:7).
Por eso, no pospongas tu reconciliación con Dios. La Biblia declara con urgencia: “Ahora es el tiempo aceptable; ahora es el día de salvación” (2 Corintios 6:2). Cristo abrió el camino para que tengamos vida eterna si obedecemos el evangelio (Juan 3:16; Hechos 2:38). Hoy es el día para arrepentirse, volver al Señor y asegurar el alma, porque lo eterno vale más que lo temporal (Mateo 16:26). ⚓📖💖