El servicio cristiano florece en lo secreto, donde muchas veces no hay aplausos ni reconocimiento. Jesús enseñó que el Padre que ve en lo secreto recompensará en público (Mateo 6:4). Cuando servimos movidos por amor y obediencia, nuestro trabajo se convierte en adoración, y aun una acción sencilla, hecha en el nombre de Cristo, no perderá su recompensa (Mateo 10:42). Así, el creyente aprende que la verdadera grandeza está en servir, no en ser visto (Marcos 10:43–45).
El valor eterno del trabajo cristiano se revela en la esperanza futura. El apóstol Pablo exhorta: “Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58). Cada esfuerzo fiel, cada oración silenciosa y cada sacrificio hecho por amor a Cristo siembra frutos que trascienden esta vida. Dios transforma lo invisible en gloria eterna, y al final, el siervo fiel oirá: “Bien, buen siervo y fiel” (Mateo 25:21). ⚓📖💖