Así es el siervo que predica la Palabra de Dios. Jesús enseñó que, aun después de hacerlo todo, debemos decir: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:10). No porque el servicio no tenga valor, sino porque la gloria nunca es del siervo, sino del Señor . Pablo entendió esto cuando afirmó: “Por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Corintios 15:10); su ministerio no fue fruto de mérito humano, sino de gracia operando en obediencia.
Predicar la Palabra instar a tiempo y fuera de tiempo (2 Timoteo 4:2) no es una plataforma para engrandecer el nombre del predicador, sino un altar donde se rinde toda gloria a Dios. El siervo fiel no mide su éxito por reconocimiento, sino por fidelidad.
No predica para ser admirado, sino para que Cristo sea conocido . Y cuando termine su jornada, descanse en esta verdad: servir a Dios con humildad glorifica más al Señor que cualquier elogio humano .
