No era un hombre de muchos estudios formales; Don Samuel era, ante todo, alguien que amaba y
estudiaba la Palabra de Dios, y que había aprendido a escuchar la voz del Señor en la vida diaria.
Su fe no se expresaba en grandes palabras, sino en las decisiones sencillas y responsables que tomaba cada día para
cuidar su hogar. Él comprendía que a Dios no solo le importa lo que hay sobre la mesa, sino lo que
hay dentro del corazón.
Don Samuel entendía
que todo seguidor del Señor debe caminar de
manera consciente, atento a los pasos que da, porque cada decisión marca el rumbo del corazón y de la familia.
Por eso procuraba andar con cuidado y permanecer atento al camino del Señor,
sabiendo que caminar distraído puede
llevar a perder la paz que Dios desea para Sus hijos. Como está
escrito: “El corazón del hombre piensa su
camino, pero Jehová endereza sus pasos” (Proverbios 16:9).
Hubo momentos en
que la necesidad fue fuerte. El dinero no
alcanzaba y apareció la opción de un trabajo mejor pagado, pero que
traería preocupaciones, malos tratos y
menos tiempo con la familia. Don Samuel lo pensó con calma. Buscó
dirección en la Palabra, oró a Dios, miró a su esposa y a sus hijos, y recordó
aquel proverbio que tantas veces había leído y escuchado: “Mejor es un bocado seco, y en paz, que casa
llena de banquete, y con contienda” (Proverbios 17:1).
Con respeto y confianza en Dios, decidió
hacer lo correcto, aunque no sabía cómo todo se resolvería. No eligió el camino más fácil, sino el que
preservaba la paz. Siguió llevando a casa un pan sencillo, pero también algo mucho más valioso:
tranquilidad, respeto y amor. Tal vez no había mucho en la mesa, pero
sí había palabras amables, risas sinceras
y oraciones compartidas.
Con el paso de los
años, Don Samuel aprendió una verdad profunda: la paz no llega cuando hay más dinero, sino cuando hay menos
orgullo y más obediencia a Dios. Vio casas llenas de cosas, pero
vacías de cariño; mesas llenas de comida, pero corazones divididos. La suya siguió siendo humilde, pero siempre fue
un hogar donde la Palabra de Dios guiaba cada decisión y donde caminar
conscientemente en el camino del Señor era una prioridad diaria.