HISTORIA DE FE Y OBEDIENCIA: CUANDO EL SILENCIO SE SIENTA EN LA BANCA
La imagen parece exagerada, pero es dolorosamente real: dos personas juntas, espalda con espalda, cubiertas por bolsas que les impiden verse y reconocerse. As铆 tambi茅n ocurre en la iglesia cuando la indiferencia se instala sin hacer ruido. Cantamos los mismos himnos, compartimos el mismo pan, pero dejamos de mirarnos el alma. Nadie discute, nadie hiere abiertamente; simplemente nadie se acerca. Y el cuerpo de Cristo comienza a enfriarse, no por falta de verdad, sino por ausencia de amor visible. 馃摉“En esto conocer谩n todos que sois mis disc铆pulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35).
Hab铆a fe en aquella congregaci贸n, pero estaba guardada como algo personal. La Palabra se escuchaba, pero no siempre se obedec铆a. 馃摉“Si un miembro padece, todos los miembros se duelen con 茅l” (1 Corintios 12:26), dec铆a la Escritura, aunque pocos lo practicaban. La indiferencia se disfraz贸 de prudencia, pero en el fondo fue desobediencia silenciosa. Ver sin involucrarse se volvi贸 costumbre, olvidando que 馃摉“el que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17).
Un domingo, la ense帽anza confront贸 sin levantar la voz: la fe que no se traduce en obediencia no transforma vidas. 馃摉“Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores” (Santiago 1:22). Entonces alguien decidi贸 quitarse la bolsa, mirar al hermano y dar el primer paso. Un saludo sincero, una pregunta honesta, una oraci贸n compartida. No fue un acto heroico, sino un coraz贸n dispuesto a obedecer en lo peque帽o, entendiendo que amar al hermano es mandato, no opci贸n (1 Juan 3:18).
La iglesia comenz贸 a sanar cuando comprendi贸 que Cristo nunca fue indiferente. 脡l vio, toc贸, escuch贸 y carg贸. 馃摉“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Marcos 10:45). La obediencia restaur贸 lo que la indiferencia hab铆a erosionado, y la fe dej贸 de ser teor铆a para convertirse en vida compartida. Porque donde hay amor obediente, el cuerpo vive, y Dios es glorificado (1 Corintios 10:31).
