📖“Dame, hijo mío, tu corazón,
Abrir el corazón a Dios no es un acto emocional momentáneo, sino una rendición constante, profunda y sincera. Dios no busca sacrificios vacíos ni palabras repetidas, sino un corazón dispuesto, sensible y obediente. Cuando le entregamos nuestro corazón, le damos el centro de nuestras decisiones, afectos y pensamientos. Le estamos diciendo: “Señor, gobierna Tú en mi vida”.
Como cristianos que queremos caminar poderosamente en lo espiritual, debemos cultivar una comunión íntima con Dios. Esto implica quebrantar el orgullo, desarraigar el pecado oculto y vivir en plena sinceridad. El cristiano con un corazón abierto es un vaso útil, lleno del Espíritu Santo, guiado por la Palabra y firme en la fe. Cada día debemos decir: “Señor, aquí está mi corazón; límpialo, moldéalo y úsalo para tu gloria”.
