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“La palabra del Dios nuestro permanece para siempre.”
ISAÍAS 40:8

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INFOGRAFÍA: EL SELLO DEL ESPÍRITU SANTO - IDENTIDAD, SEGURIDAD Y TRANSFORMACIÓN

 

Efesios 1:13  

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 

Efesios 1:14  

que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. 

Romanos 8:16  

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 

Efesios 4:30  

Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 

En Efesios 1:13-14, Pablo establece una secuencia fundamental: “habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”. El evangelio no solamente debe ser oído, sino creído y obedecido, pues el Nuevo Testamento presenta la obediencia como la respuesta activa de la fe al mensaje de Cristo (Romanos 1:5; 16:26; 2 Tesalonicenses 1:8). Esta verdad armoniza con las palabras de Jesús en Juan 3:5: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. El nuevo nacimiento es indispensable para entrar en el reino, y cuando examinamos esta enseñanza a la luz del resto del Nuevo Testamento encontramos que el agua ocupa un lugar esencial en la respuesta obediente al evangelio: Hechos 2:38 relaciona el arrepentimiento y el bautismo con el perdón de los pecados; Romanos 6:3-4 presenta el bautismo como sepultura y resurrección con Cristo para andar en vida nueva; y Gálatas 3:27 afirma que somos bautizados en Cristo y revestidos de Él. Por tanto, la Escritura permite ver una unidad entre fe, obediencia, agua y Espíritu: el hombre oye el evangelio, cree en Cristo y responde obedientemente, participando del nuevo nacimiento “de agua y del Espíritu” y entrando en Cristo. Además, Hechos 2:38 vincula esta respuesta con la recepción del don del Espíritu Santo, mientras Efesios 1:13-14 muestra al Espíritu como sello y arras de la herencia. Finalmente, Efesios 4:30 recuerda que aquellos que fueron sellados con el Espíritu fueron sellados “para el día de la redención”; por ello, la salvación recibida mediante la obediencia al evangelio debe ir acompañada de una vida fiel que no contriste al Espíritu Santo. Así, el énfasis bíblico no está en separar fe, obediencia, bautismo y Espíritu, sino en comprender cómo estos elementos se integran dentro de la respuesta del hombre al evangelio de Cristo.


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