Romanos 3:23
“Por cuanto todos pecaron, y
están destituidos de la gloria de Dios.”
Romanos 6:23
“Porque la paga del pecado
es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Isaías 59:2
“Pero vuestras iniquidades
han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho
ocultar de vosotros su rostro para no oír.”
1 Juan 1:8
“Si decimos que no tenemos
pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.”
Eclesiastés 7:20
“Ciertamente no hay hombre
justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.”
Salmo 51:5
“He aquí, en maldad he sido
formado, y en pecado me concibió mi madre.”
Efesios 2:1
“Y él os dio vida a
vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,”
Efesios 2:8–9
“Porque por gracia sois
salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
no por obras, para que nadie se gloríe.”
Juan 3:16
“Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Romanos 5:8
“Mas Dios muestra su amor
para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
1 Pedro 2:24
“Quien llevó él mismo
nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando
muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis
sanados.”
Gálatas 3:27
porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
2 Corintios 5:17
“De modo que si alguno está
en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son
hechas nuevas.”
DEL PECADO A LA SALVACIÓN EN CRISTO
La Escritura presenta al ser humano bajo la realidad universal del pecado: todos han pecado y están separados de la gloria de Dios, incapaces de justificarse por sus propias obras. El pecado produce muerte y separación de Dios, dejando al hombre espiritualmente muerto y necesitado de redención. Sin embargo, Dios, en su amor y gracia, proveyó la salvación por medio de Jesucristo: Cristo murió por los pecadores, llevó nuestros pecados en la cruz y ofreció gratuitamente la vida eterna. Esta salvación no se obtiene por méritos humanos, sino por gracia mediante la fe. Al creer en Cristo y ser unidos a Él, el creyente recibe una nueva identidad: es revestido de Cristo y hecho una nueva criatura. Así, el camino bíblico va de la condenación del pecado a la reconciliación con Dios, de la muerte espiritual a la vida eterna y de la vieja naturaleza a una vida nueva en Cristo.