DIOS ESPÍRITU SANTO
El Espíritu divino que revela, guía y santifica
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”
1 Corintios 3:16
Atributos y obras del Espíritu Santo:
Consolador enviado por Dios
(Juan 14:16)
Espíritu de verdad
(Juan 16:13)
Santificador del creyente
(2 Tesalonicenses 2:13)
Guía a los hijos de Dios a través de la Palabra
(Romanos 8:14)
Mora en los cristianos
(1 Corintios 6:19)
Intercede por los santos
(Romanos 8:26-27)
Sella al creyente para la herencia prometida
(Efesios 1:13-14)
Da vida espiritual
(Romanos 8:11)
Transforma y capacita al Cristiano
El Espíritu Santo repartió dones milagrosos conforme a su voluntad para confirmar la Palabra de Dios y edificar la iglesia en el primer siglo.
Hoy continúa obrando mediante la Palabra inspirada, transformando el carácter del cristiano y capacitando a cada miembro con diferentes capacidades y oportunidades para servir y edificar el cuerpo de Cristo.
(1 Corintios 12:11; 2 Timoteo 3:16-17; 1 Pedro 4:10)
Produce el fruto espiritual
(Gálatas 5:22-23)
Inspiró las Escrituras
(2 Pedro 1:21)
Dios Espíritu Santo es el Espíritu
divino, plenamente partícipe de la Deidad,
que posee voluntad, conocimiento y capacidad de actuar, hablar, enseñar y ser
contristado; no es una mera fuerza impersonal, sino el Consolador y Espíritu
de verdad enviado por el Padre y por el Hijo para cumplir su
obra divina (Juan 14:16-17, 26; 15:26; Efesios 4:30; 1 Corintios 2:10-11).
Participó en la obra divina desde el principio y su poder se manifiesta en la
creación y en la obra de Dios (Génesis 1:2; Salmo 104:30). Él revela
la verdad, guio a los apóstoles a toda la verdad y inspiró
las Escrituras, haciendo que hombres hablaran de parte de Dios
(Juan 16:13; 2 Pedro 1:21; 1 Corintios 2:10-13); por medio de esa Palabra
continúa guiando al cristiano en la voluntad de Dios (Romanos 8:14). El
Espíritu Santo santifica, transforma el carácter del
creyente y produce en él el fruto del Espíritu amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (2 Tesalonicenses 2:13; Gálatas 5:22-23). Mora en los
cristianos como pueblo de Dios y como individuos que pertenecen
a Cristo (1 Corintios 3:16; 6:19), y su presencia está relacionada con la herencia
prometida, pues los creyentes fueron sellados con el Espíritu
Santo al oír y creer la palabra de verdad (Efesios 1:13-14). También intercede
por los santos conforme a la voluntad de Dios (Romanos 8:26-27)
y da vida en relación con la obra de Dios en el creyente (Romanos 8:11). En el
primer siglo, el Espíritu Santo repartió dones milagrosos conforme a su
voluntad para revelar y confirmar la verdad y edificar la
iglesia (1 Corintios 12:4-11; Hebreos 2:3-4); una vez entregada la revelación
apostólica, las Escrituras constituyen la Palabra inspirada y suficiente para
hacer al hombre de Dios perfecto y enteramente preparado para toda buena obra
(2 Timoteo 3:16-17). Por tanto, el Espíritu Santo debe ser reconocido como divino,
eterno en su naturaleza, Espíritu de verdad, revelador, inspirador de las
Escrituras, santificador, morador del creyente, intercesor y dador de
capacidades para servir, cuya obra está inseparablemente
relacionada con el Padre, el Hijo y la Palabra de Dios.