A Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor.
La misericordia de Dios en Cristo no solo revela Su compasión hacia el pecador, sino que también lo perdona, lo restaura, lo sostiene y lo fortalece para permanecer fiel. Pablo, aun en medio del sufrimiento y al final de su ministerio, sabía que su vida y servicio no dependían de la fuerza humana, sino de la gracia y misericordia de Dios. La misericordia no es licencia para permanecer en pecado, sino el favor compasivo de Dios que nos mueve al arrepentimiento, a la obediencia, a la gratitud y a la perseverancia. Por eso, como Timoteo, podemos seguir firmes en la sana doctrina y servir fielmente hasta el final, confiando en que Dios sostiene a Sus hijos por Su misericordia.