En la vida cristiana, la tendencia a
cuantificar la fe mediante un checklist orar, leer la Biblia, asistir a
actividades refleja una visión mecanicista del discipulado. Este enfoque,
aunque útil en la disciplina inicial, corre el riesgo de transformar la
experiencia de comunión con Dios en un cumplimiento formalista, donde la
relación con Cristo se mide por la acumulación de acciones observables y
verificables.
Sin embargo, la Escritura presenta un
paradigma distinto. En Juan 15:1-8, Jesús utiliza la metáfora de la vid
y los pámpanos para enseñar que la vida espiritual es orgánica, relacional y
dependiente. La vid no cumple tareas; la vida fluye de la conexión con
la vid, y los pámpanos producen fruto únicamente cuando permanecen en Él.
De manera análoga, la experiencia cristiana auténtica no se limita a la
sumatoria de actos devocionales, sino que se manifiesta en una
interdependencia dinámica entre oración, estudio bíblico, servicio y relaciones
con otros creyentes, todos sustentados en la presencia del Espíritu Santo.
Desde una perspectiva teológica no
denominacional, esta comprensión subraya que la santidad no es un logro
aislado, sino el resultado de la comunión viva con Cristo. Cada acto de
devoción no es un fin en sí mismo, sino una expresión de una vida transformada,
un flujo de gracia que permea todas las áreas de la existencia del creyente.
Cuando tratamos la fe como checklist, fragmentamos la unidad del cuerpo
espiritual y reducimos la riqueza de la vida en Cristo a una serie de tareas
desconectadas. En contraste, reconocer la interdependencia de nuestra vida
espiritual nos libera de la legalidad y nos invita a una experiencia profunda
de crecimiento integral, fructífero y sostenido por la vid verdadera.
Mis hermanos, la tentación de “cumplir” debe
ser reemplazada por la invitación de Cristo a permanecer, a vivir un
ecosistema de fe donde cada práctica espiritual florece porque está conectada a
Él y al cuerpo de creyentes. La verdadera madurez cristiana no se mide por las
marcas en una lista, sino por la integridad, coherencia y vitalidad de la
vida que emana de la vid.