SERMÓN: ¿POR QUÉ ALGUNOS SE VAN? ¿POR CULPA DEL PREDICADOR O POR LO QUE HAY EN EL CORAZÓN?

 


¿POR QUÉ ALGUNOS SE VAN? ¿POR CULPA DEL PREDICADOR O POR LO QUE HAY EN EL CORAZÓN?

Jeremías 17:9-10; Hebreos 4:12

Raúl Fabian Avila Medina

 

JEREMÍAS 17:9–10

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón…”

HEBREOS 4:12

“La palabra de Dios… discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

 

PROPOSICIÓN:

La disminución en el número de hermanos no siempre es señal de fracaso del predicador, sino muchas veces una manifestación de corazones divididos, actitudes carentes de amor y falta de compromiso verdadero con Cristo.

 

OBJETIVO:

Exhortar a la iglesia a no juzgar superficialmente, a hacer un autoexamen sincero, y a restaurar la unidad y el enfoque en Cristo en lugar de buscar culpables entre los hombres.

 

INTRODUCCIÓN

1.   Hermanos la palabra de Dios tiene Poder, es Viva y Eficaz, Digna de ser recibida (Isaías 55:10-11; Hebreos 4:12; 1 Timoteo 4:9).

2.   En toda congregación, tarde o temprano surge la pregunta:

a)     “¿Por qué algunos hermanos se van?”

b)    Y es común señalar al predicador, al liderazgo o a las circunstancias externas. Pero la Biblia enseña que el verdadero problema, la raíz más profunda, no siempre está en el púlpito, sino en el corazón humano, el cual Dios mismo examina y revela.

3.  A veces la partida de alguien refleja confusión, inmadurez, falta de amor, o un compromiso superficial con Cristo. Otras veces es Dios mismo quien permite la separación para manifestar quién permanece firme y quién solo estaba de paso. Por eso, antes de señalar culpables, la Escritura nos llama a mirar hacia adentro, a examinar nuestras actitudes, y a recordar que el crecimiento y la unidad de la iglesia no dependen de un hombre, sino de Cristo.

4.     Este sermón nos llevará a entender que la disminución de miembros no siempre es fracaso del predicador, sino una oportunidad para discernir el corazón, fortalecer la unidad y renovar nuestro compromiso con el Señor.

5.     Gracias a Dios podemos aprender y hablar con entendimiento la Palabra de Dios, la Sana Doctrina (Tito 2:1; 1 Timoteo 4:13).

6.   Le invitamos a seguir escudriñando y retener las Sanas Palabras (2 Timoteo 1:13).

7.   Con esto en mente, analicemos los siguientes puntos que constituirán la lección de este día:

 

 

I. EL VERDADERO FUNDAMENTO DE LA IGLESIA ES CRISTO, NO EL PREDICADOR

  1.  1 Corintios 3:5-7 “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos?... ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que da el crecimiento.”
  2.  Un predicador no causa divisiones si está plantando la Palabra fielmente.
  3.  La iglesia que depende de un hombre en vez de Cristo está edificada sobre arena (Mateo 7:26-27).

 

 II. A VECES LAS DIVISIONES REVELAN CORAZONES CARNALES

  1.  1 Corintios 3:3 “¿No sois carnales, andando como hombres?... Uno dice: Yo soy de Pablo; otro: Yo soy de Apolos.”
  2.  Santiago 4:1 “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?... de vuestras pasiones.”
  3.  Los que siembran queja y división muchas veces son los más inmaduros espiritualmente.

 

 III. DIOS MISMO PERMITE LA SEPARACIÓN PARA REVELAR QUIÉN ES FIEL

  1.  1 Juan 2:19 “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros…”
  2.  1 Corintios 11:19 “Es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se manifiesten los que son aprobados.”
  3.  No todo el que se va, se va por culpa del predicador. Algunos no soportan la verdad o la disciplina (Juan 6:60-66).

 IV. EL QUE CRITICA SIN EDIFICAR, DESTRUYE

  1.  Proverbios 6:16-19  Dios aborrece al que “siembra discordia entre hermanos.”
  2.  Gálatas 5:15 “Si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.”
  3.  La crítica constante, sin solución ni oración, es veneno espiritual.

  

V. EL ENFOQUE CORRECTO ES EL AUTOEXAMEN Y LA EDIFICACIÓN DEL CUERPO

  1.  2 Corintios 13:5 “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe…”
  2.  Efesios 4:29-32 “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca… antes sed benignos unos con otros.”
  3.  En vez de quejarnos por los que se fueron, preguntemos: ¿Estoy siendo yo un verdadero hermano que edifica, ama y apoya?

 

 CONCLUSIÓN:

  1. Cuando alguien se queja del número de hermanos que se han ido, la pregunta no debe ser: ¿Quién tiene la culpa?, sino: ¿Estoy yo contribuyendo a la unidad, la madurez y el amor de la iglesia? El verdadero problema no siempre está en el púlpito, muchas veces está en el corazón que murmura.
  2. Hermanos, volvamos al fundamento que es Cristo. Amemos al predicador fiel, trabajemos juntos en armonía, y si algo no nos agrada, que lo tratemos con oración, humildad y espíritu de edificación. La iglesia no crece con crítica, sino con colaboración y comunión en la verdad.

 


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