Desde los primeros tiempos, hombres y mujeres
fieles caminaron por esta senda estrecha que lleva a la vida. Noé caminó con Dios en medio de una
generación corrupta, obedeciendo aun cuando todos dudaban. Abraham dejó su tierra por fe, creyendo en
las promesas de Dios aunque no veía el cumplimiento inmediato. Moisés eligió sufrir con el pueblo de Dios
antes que disfrutar de los deleites temporales del pecado. Josué y Caleb siguieron el camino de la confianza, aun cuando
otros se rindieron al temor. Y en el Nuevo Testamento, Pedro, Pablo
y muchos discípulos anduvieron tras Cristo, dejando todo por amor a Aquel que
los llamó de las tinieblas a Su luz admirable.
Caminar con Cristo significa negarse a uno
mismo, tomar la cruz y seguirle cada día (Lucas 9:23). Significa avanzar con
fe, aunque el camino sea angosto, sabiendo que al final hay una corona
incorruptible reservada para los que perseveran.
📖 “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre,
sino por mí.” Juan 14:6 (RV1960)
