📌 PENSAMIENTO:
¿POR QUÉ ALABAR A DIOS?
La alabanza a Dios no es simplemente una
reacción emocional ante las bendiciones recibidas; es una respuesta
racional, espiritual y voluntaria al reconocimiento de quién es Dios en su
naturaleza, carácter y obra. El creyente alaba a Dios porque ha llegado a
comprender, por medio de la revelación divina, que Él es el Creador de todas
las cosas, el Sustentador del universo, el Autor de la salvación
y el Señor soberano de la historia.
La Biblia presenta la alabanza como una de las
actividades más nobles y elevadas del ser humano. Fuimos creados para
glorificar a Dios, llamados para anunciar sus virtudes y redimidos para
vivir para la alabanza de su gloria. Por tanto, la adoración es el propósito
central de nuestra existencia.
"Grande es Jehová, y digno de suprema
alabanza." (Salmo 145:3)
Alabamos a Dios porque Él es eterno y santo, perfecto en su naturaleza y sin cambio en su carácter. Él es el gran YO SOY, digno de toda adoración por lo que es en sí mismo.
"Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios." (Salmo 90:2)
Alabamos a Dios porque Él es el Creador de
los cielos y de la tierra, y todo lo que existe es obra de su poder y
sabiduría.
"En el principio creó Dios los cielos y la tierra." (Génesis
1:1)
Alabamos a Dios porque Él es el Sustentador
de la vida, quien nos da cada respiración, cada día y toda provisión
necesaria.
"Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos." (Hechos 17:28)
Alabamos a Dios porque su grandeza es infinita
e incomprensible, y su gloria llena toda la creación.
Alabamos a Dios porque nos formó con propósito
y amor, y nuestra vida tiene sentido en Él.
"Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras."
(Salmo 139:14)
Alabamos a Dios porque en su misericordia nos
da provisión diaria, cuidando de nuestras necesidades en todo tiempo.
"Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto."
(Santiago 1:17)
Alabamos a Dios porque nos mostró su amor
en Jesucristo, el Hijo enviado por el Padre para nuestra salvación.
Alabamos a Dios porque nos ha llamado a ser su
pueblo, la iglesia, para vivir en comunión y servicio.
"Vosotros sois linaje escogido… pueblo adquirido por Dios." (1
Pedro 2:9)
Alabamos a Dios porque su Espíritu Santo obra en los que obedecen el evangelio, el cual fue revelado para salvación. Dios nos escogió para salvación desde el principio mediante la santificación del Espíritu y la fe en la verdad, a la cual fuimos llamados por el evangelio (2 Tesalonicenses 2:13–14).
Cuando ese evangelio es creído y obedecido, el
creyente es sellado por el Espíritu Santo de la promesa (Efesios 1:13), es
unido a Cristo en el bautismo, siendo revestido de Cristo (Gálatas
3:27), y participa en una vida nueva al morir al pecado y vivir para Dios
(Romanos 6:3–11).
En este acto de obediencia, Dios concede el
don del Espíritu Santo (Hechos 2:38), y el Señor añade a los salvos a su
iglesia (Hechos 2:47), formando un pueblo redimido que vive en santidad, verdad
y comunión.
Así, el Padre planea la salvación, el Hijo la
realiza en la cruz, y el Espíritu Santo la aplica en los que obedecen el
evangelio, sin confusión de personas, pero en perfecta unidad divina en la obra
redentora.
Alabamos a Dios porque su gracia nos sostiene en las pruebas y su misericordia nunca falla.
"Bástate mi gracia." (2 Corintios 12:9)
Alabamos a Dios porque Él es el Señor
soberano de la historia, y nada escapa a su control perfecto.
"Su dominio es eterno… y no hay quien detenga su mano."
(Daniel 4:35)
Alabamos a Dios porque nos promete la vida
eterna en Cristo Jesús, una esperanza segura y gloriosa.
"La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro."
(Romanos 6:23)
Mis hermanos y amigos, por eso, la alabanza no depende de las circunstancias, sino del reconocimiento de quién es Dios. Él es digno de toda gloria, honra y adoración por los siglos de los siglos. Amén.⚓📖💖