En Nahúm 1, se presenta a Dios como justo y poderoso, capaz de ejecutar juicio contra la maldad, pero también como refugio para los que confían en Él. En este contexto, Nahúm 1:7 declara: “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían”. Esta afirmación revela que aun en medio del juicio y la adversidad, Dios sigue siendo bueno y protector para su pueblo.
El capítulo muestra el carácter equilibrado de Dios: por un lado, su justicia frente al pecado; por otro, su misericordia hacia quienes le buscan. Esto nos enseña que la bondad de Dios no es débil, sino firme y segura, capaz de sostenernos en tiempos difíciles. Su fortaleza no solo nos protege externamente, sino que también afirma nuestra fe en medio de la incertidumbre.
Además, Nahúm enfatiza que Dios “conoce a los que en Él confían”, lo que implica una relación personal y cercana. No se trata de una protección general, sino de un cuidado específico para aquellos que ponen su confianza en Él. En un mundo lleno de inestabilidad, esta verdad nos recuerda que nuestra seguridad no depende de las circunstancias, sino de nuestra relación con Dios.
Para aplicar este principio de manera práctica, podemos usar la siguiente fórmula:
📙Refugio en Dios = Confiar en su bondad + Buscar su presencia + Permanecer firmes en la prueba + Descansar en su cuidado
Al vivir así, afirmamos que aunque el mundo enfrente juicio y dificultades, en Dios encontramos fortaleza, refugio y una seguridad que no puede ser quebrantada.
