Un joven repetía constantemente: “Cuando
termine la escuela, buscaré a Dios… cuando me case, iré a la iglesia… cuando me
jubile, leeré la Biblia.” Siempre había una excusa, siempre había algo primero.
Pero en realidad, no era falta de tiempo… era falta de decisión. Su
corazón posponía lo más importante, creyendo que siempre habría otra
oportunidad.
Los días pasaron, los años avanzaron, y ese
“mañana” se convirtió en una ilusión cómoda. El problema no era el
calendario, era su mentalidad. Vivía como si el tiempo estuviera
garantizado, como si la vida fuera un crédito sin límite. Pero la verdad es que
el tiempo no espera, no negocia y no avisa.
Un día, sin previo aviso, la muerte llegó. No
hubo oportunidad para corregir, no hubo tiempo para empezar, no hubo espacio
para decir “ahora sí”. El mañana en el que confiaba nunca llegó, porque el
único día que tenía era hoy… y lo dejó pasar. Sus intenciones nunca se
convirtieron en obediencia.
Así viven muchos hoy: saben lo que tienen que
hacer, sienten el llamado de Dios, pero lo posponen. Prometen cambiar,
prometen acercarse, prometen obedecer… pero solo lo dejan para después. Y
cada vez que se pospone a Dios, el corazón se endurece un poco más, y la voz
del Espíritu se vuelve más fácil de ignorar.
La salvación no es para mañana… es para hoy. La
obediencia no es después… es ahora. Porque el mayor engaño del enemigo no es
hacerte rechazar a Dios, sino hacerte creer que todavía tienes tiempo. No
dejes para mañana lo que Dios te está llamando a hacer hoy… porque puede que
ese mañana nunca llegue.
Hechos 22:16 Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate
y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.
❤️🙏🛡️🗡️📕🪖