La Palabra de Dios
Cuando el corazón está seco, Su Palabra lo refresca como agua en el desierto.
“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).
En ella encontramos dirección segura para cada paso de la vida.
Dios nos revela Su
amor a través de cada promesa escrita en la Biblia.
Aunque el mundo cambie, Su Palabra permanece firme para siempre.
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis
palabras no pasarán” (Mateo 24:35).
Su verdad nos sostiene cuando todo alrededor parece incierto.
En ella descubrimos que nunca estamos solos.
La Palabra del Señor
también es medicina para el alma herida.
Sana lo que el hombre no puede ver ni reparar.
“Envió su palabra, y los sanó, y los libró
de su ruina” (Salmo 107:20).
Dios restaura corazones quebrantados con Su amor eterno.
Su voz trae paz donde había dolor.
Cuando la guardamos
en el corazón, nos guarda del pecado y la oscuridad.
Es un tesoro que fortalece la fe en tiempos de prueba.
“En mi corazón he guardado tus dichos,
para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).
La obediencia a Su Palabra nos acerca más a Su presencia.
Quien la ama, camina en luz constante.
Por eso, amados hermanos, abracemos cada día la Palabra de
Dios.
Que sea nuestro alimento diario y nuestro mayor deleite espiritual.
“¡Cuán dulces son a mi paladar tus
palabras! más que la miel a mi boca” (Salmo 119:103).
En ella encontramos vida, propósito y salvación eterna.
Porque verdaderamente, la Palabra de Dios
es más dulce que la miel. ⚓📖💖