REFLEXIÓN: DEL REGAZO DE LOS PADRES A LOS BRAZOS DE DIOS


Los hijos son un regalo precioso de Dios, depositados en nuestras manos por un tiempo limitado. Como padres, nos gozamos en verlos crecer, aprender y avanzar, pero también llega el momento en que alzan vuelo hacia la vida como ángeles. Ese instante despierta en nuestro corazón sentimientos encontrados: la alegría de verlos realizarse y el anhelo de querer tenerlos siempre cerca. Sin embargo, nuestra mayor paz está en recordar que no nos pertenecen, sino que son del Señor. Por eso, nuestro deseo más profundo no es retenerlos, sino encomendarlos a las manos del Padre celestial, que jamás falla ni se aparta. Allá donde nuestros ojos no alcanzan, la mirada de Dios los acompaña; donde nuestras manos no pueden sostenerlos, las manos poderosas del Señor los levantan. Pedimos que Él los guíe en medio de las decisiones de la vida, los sostenga en medio de la prueba, y los conduzca con amor hacia el camino eterno que lleva a su presencia. Así, aunque como padres tengamos que aprender a soltar, nos fortalecemos en la promesa de que Aquel que nunca duerme ni se cansa vela por ellos. Porque donde nosotros no podemos estar, allí está Dios, guardando sus pasos, protegiendo su corazón y bendiciendo su futuro.

 “El SEÑOR guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Salmo 121:8).⚓📖💖

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