Al
observar a un hijo callado, muchas veces pensamos que no siente o que no
entiende. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que el corazón es profundo y que
Dios ve lo que los ojos humanos no alcanzan. Los hijos callados pueden tener
corazones sensibles, llenos de amor, temor y reflexión, y muchas veces es en su
silencio donde Dios trabaja más profundamente en ellos. Como padres o hermanos
en la fe, debemos cuidar, guiar y enseñar con paciencia, porque Dios conoce
cada pensamiento y sentimiento oculto.
Proverbios 4:23 (RV1960)
Cuando un hijo es callado, no debemos suponer que no tiene
emociones o pensamientos; más bien, debemos orar por él, escucharlo con
paciencia y guiarlo con amor, confiando en que Dios conoce su corazón y trabaja
en su vida incluso en el silencio.