Filipenses 2:12; Hebreos 2:1-4
Raúl Fabian Avila Medina
PROPOSICIÓN
La salvación es un regalo de
Dios, pero cada persona debe cuidarla con fe, obediencia y perseverancia. La
Biblia muestra que no todos estarán dispuestos a hacerlo.
OBJETIVO
Recordar a los cristianos que la
salvación es personal, que requiere decisión y esfuerzo, y que no todos la
cuidarán porque muchos corazones se resisten a rendirse plenamente a Cristo.
INTRODUCCIÓN:
1. Hermanos la palabra de Dios tiene Poder, es
Viva y Eficaz, Digna de ser recibida (Isaías 55:10-11; Hebreos 4:12; 1 Timoteo
4:9).
2. Dios ya hizo su parte en Cristo: nos dio
perdón, esperanza y vida eterna. Pero ahora nos toca a nosotros ocuparnos de
nuestra salvación. Pablo dijo: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y
temblor” (Filipenses 2:12).
3. Eso significa que nadie puede cuidarla por
nosotros. El evangelio se predica a todos, pero no todos responden igual.
Algunos obedecen, otros rechazan; unos perseveran, otros se apartan. Y la
realidad es esta: no todos cuidarán su salvación.
4. Gracias a Dios podemos aprender y hablar con
entendimiento la Palabra de Dios, la Sana Doctrina (Tito 2:1; 1 Timoteo
4:13).
5. Le invitamos a seguir escudriñando y retener
las Sanas Palabras (2 Timoteo 1:13).
6. Con esto en mente, analicemos los siguientes
puntos que constituirán la lección de este día:
1. ALGUNOS NO ESTÁN LISTOS PARA
DEJAR EL PECADO
- Situación: El joven rico vino a Jesús con
una pregunta sincera: “¿Qué haré para tener la vida eterna?” (Mateo
19:16-22).
- Problema: Aunque sabía lo correcto, no
quiso soltar su apego a las riquezas. Su corazón estaba dividido.
- Consecuencia: Se fue triste, y perdió la
oportunidad de seguir al Señor. Hoy, muchos quieren bendiciones pero no quieren
dejar el pecado. La Biblia enseña que debemos despojarnos del pecado que nos
asedia (Hebreos 12:1).
2. ALGUNOS DEPENDEN DE LA FE DE
OTROS
- Situación: Las vírgenes insensatas no
llevaron aceite suficiente para sus lámparas (Mateo 25:1-13).
- Problema: Pretendían vivir de la
preparación de otras, pensando que podían pedir prestada la fe.
- Consecuencia: Cuando vino el esposo,
quedaron fuera. Así también hoy, nadie puede obedecer ni perseverar por otro.
Cada uno dará cuenta de sí mismo a Dios (Romanos 14:12).
3. ALGUNOS VIVEN EN NEGACIÓN Y
ENDURECEN SU CORAZÓN
- Situación: Faraón vio con sus propios
ojos las señales y maravillas de Dios (Éxodo 7–12).
- Problema: En lugar de rendirse,
endureció su corazón una y otra vez. Negó la verdad y se justificó en su
rebeldía.
- Consecuencia: Esa dureza lo llevó a la ruina
y a la muerte de su pueblo. Igual pasa hoy: el que oye la voz de Dios y cierra
sus oídos al evangelio se está condenando a sí mismo (Hebreos 3:15).
4. ALGUNOS NO ACEPTAN EL PERDÓN
DE DIOS
- Situación: Judas se dio cuenta de su
pecado y devolvió las monedas de la traición (Mateo 27:3-5).
- Problema: Sintió remordimiento, pero no
buscó el perdón en Cristo. La culpa lo aplastó y no confió en la gracia de
Dios.
- Consecuencia: Terminó perdiendo su vida y su
alma. Hoy, muchos se dejan atrapar por la culpa y no creen que Dios puede
perdonarlos. Pero la Escritura asegura que si confesamos nuestros pecados, Él
es fiel para perdonar (1 Juan 1:9).
5. ALGUNOS RECHAZAN LA
OPORTUNIDAD Y OTROS DEBEN SEGUIR ADELANTE
- Situación: En Antioquía, Pablo y Bernabé
predicaron el evangelio con poder (Hechos 13:44-46).
- Problema: Muchos judíos se llenaron de
envidia y rechazaron la palabra. No quisieron recibir la salvación.
- Consecuencia: Los apóstoles se volvieron a los gentiles. Así también hoy, si alguien no quiere, no podemos obligarlo. Nosotros debemos seguir sembrando la palabra, sabiendo que el que crea y sea bautizado será salvo, y el que no crea será condenado (Marcos 16:16).
CONCLUSIÓN
- Hermanos, no todos cuidarán su salvación: unos no querrán dejar el pecado, otros dependerán de la fe ajena, algunos se endurecerán, otros no aceptarán el perdón, y muchos rechazarán la oportunidad.
- Pero la advertencia bíblica es seria: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos… ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande…?” (Hebreos 2:1-4).
Nuestra salvación es demasiado valiosa como para
descuidarla. Nadie puede cuidarla por nosotros. Cristo ya hizo el sacrificio;
ahora nos toca obedecer, permanecer firmes y ser fieles hasta la muerte (Apocalipsis
2:10).